Hice mis prácticas de grado en modalidad de teletrabajo y aquí están algunas de las cosas que aprendí

Leía hace un par de semanas Cambié de puesto de trabajo en medio del confinamiento: cómo conocí a mis compañeros de trabajo sin ir a la oficina, de Xataka, un reportaje super interesante sobre el teletrabajo y como se adoptó a marchas forzadas al empezar el confinamiento por la pandemia de COVID-19 va a hacer un año pronto, y el testimonio de un becario me trajo a la mente como estuve yo 6 de los 7 meses de mis prácticas como becario desde casa.

Vivencias de un becario con el teletrabajo

A principios de febrero del año pasado me llamaron para hacer unas prácticas como consultor de comunicación corporativa. Un rol del que yo apenas conocía nada, de cuyas responsabilidades y cuyas habilidades profesionales en el grado de periodismo no se enseña absolutamente nada y que, sin embargo, me enseñó un montón de cosas durante lo que se convirtió en los meses quizá más productivos de mi vida. Desde luego en los que más aprendizaje gané pese a las circunstancias adversas que nos tocó vivir.

El 6 de marzo enviaron un correo a toda la empresa instándonos a que nos empezáramos a llevar los portátiles corporativos a casa al terminar de trabajar, por si acaso había algún brote de COVID o era necesario confinarnos. Ese 6 yo no trabajaba, y el 5 había estado malo. Nada relacionado con el bicho, creo, sino simplemente con un cruasán reseco que desayuné en la universidad. Pero cuando el 9 lo leí, me llevé el portátil. Estupefacto y temeroso, 50-50, todavía con capacidad de hacer bromas con el tema, sí, pero con un Thinkpad en la mochila al salir, por si acaso. Por la noche de ese mismo 9, diferentes autoridades salieron a suspender clases, a pedir que quien pudiera se quedara en casa y a empezar un compendio de restricciones que todavía dura.

Durante esa semana estaba por definir mi situación y debían tomar un acuerdo entre la empresa y la universidad. Ese acuerdo fue, enmarcado en el plan de contingencia de la URJC, que las prácticas continuaran siempre que se pudieran teletrabajar. Así que desde esa semana y hasta finales de agosto, mi trabajo fue exclusivamente en remoto. Y no me arrepiento. No solo porque tampoco puedo, porque no cambiaría nada o porque fue lo que tocó, sino porque creo que me dio unas muy buenas aptitudes de trabajo en equipo sin estar presencialmente con él y porque creo que son aptitudes que a futuro me pueden servir. Y porque, también hay que decirlo, trabajar al solecito en la terraza mientras te tomas un café y de fondo oyes el mar es una absoluta delicia. Ahora en serio. Porque creo que las ventajas del teletrabajo no tienen precio y que, a comparación con sus desventajas, gana absolutamente todo lo bueno que puede aportarnos. Porque me quitó horas de metro y bus, porque dejó de hacerme ir con la lengua fuera porque no llegaba a ningún sitio, porque dejó de hacerme gastar ingentes cantidades de dinero en comer de menú toda la semana o porque permite conciliar de una forma espectacular estudios con trabajo y me imagino que esto se acentúa millones cuando tienes hijos.

Volviendo a lo mundano. Mucha gente demoniza el teletrabajo, echa de menos las conversaciones con compañeros y el ratito de café. Y es verdad que yo también lo eché de menos, y que, por otra parte, posiblemente si hubiera tenido esos elementos la relación con el equipo hubiera sido más estrecha. Pero, la verdad, la relación que forjamos con el equipo a mi juicio fue bastante estrecha Microsoft Teams mediante, la empresa estaba muy preparada (y durante la cuarentena se digitalizó a lo bestia y en tiempo récord). El teletrabajo creo que llegó para quedarse, sobre todo en este tipo de profesiones donde sustancialmente no cambia casi nada, y creo que más vale que nos acostumbremos. En el fondo ganamos todos, tanto las empresas en reducción de costes en infraestructuras, como los trabajadores, en cuanto a invertir menos tiempo en el transporte público o poder elegir vivienda no basándose en su lugar de trabajo y primando otros aspectos más atractivos.

No sé si soy la persona más indicada para dar consejos. Tampoco es que los que yo leí me sirvieran mucho, pero bien es verdad que sí hay cosas que yo aprendí, que ahora bien pueden ser recomendaciones que yo aplicaría y que, aunque con dedicaciones algo diferentes ahora que cuando trabajaba con un equipo, sigo aplicando porque estoy más en casa que nunca y me ayudan a organizarme mejor:

  1. Utiliza el Calendario como si de ello dependiera tu vida. Si trabajas en equipo o con una suite completa quizá no dependa de ti (tanto), pero yo lo trato de aplicar también cuando son cosas que dependen de mí, incluso en mi vida personal. Así que en el calendario del iPhone, del Mac y de Google tengo tantos eventos como me van surgiendo. Es incluso algo enfermizo, creo, pero últimamente vengo apuntando hasta cuando quedo a comer o cuando tengo cita para cortarme el pelo. Dudo que estas dos cosas se me olviden, pero me ayuda increíblemente a ver qué tengo y qué horas tengo libres solo con un vistazo. Y no soy especialmente olvidadizo ni despistado, pero me libera la mente un montón y permite que me concentre mucho más porque todo está automatizadísimo.
  2. Documenta. todo. Y reporta. mucho. Se hacía mucho en este trabajo que os comentaba ya de antes de la pandemia, pero es aún más interesante cuando no estás físicamente con el resto de miembros del equipo. Es una muy buena forma, a falta de charlar entre compañeros, de saber qué hace cada uno. Así que reporta, muy mucho, con qué andas y qué tienes pendiente. Quizá te sirva para ordenarte las ideas, pero sobre todo sirve para que los demás sepan qué ideas tienes en mente y qué cosas tienes a medio terminar. Así que reporta, insisto. Al final de una jornada quizá no (o sí, ahí ya depende de lo que se pida), pero sí al final de una semana, y muchísimo más cuando te vas de vacaciones. Ya no estoy (por desgracia) en comunicación corporativa ni teletrabajando a través de Teams, pero es algo que incluso aplico en mis clases particulares, de las que envío un resumen rápido cuando las termino.
  3. Vístete, sí, como una persona normal a ser posible, pero no hace falta que te pongas camisa y americana. Si tienes una reunión importante donde tienen que verte quizá sea adecuado, pero no te vistas todos los días como si fueras a una audiencia con Pedro Sánchez. Quizá no haga falta. A mí la rutina café, ducha vestirme hacer la cama todas las mañanas me despeja muchísimo y me ayuda a empezar el día organizado e incluso diría que de mejor humor. Pero es verdad que, a no ser que tenga una reunión importante en la que alguien tenga que verme, una clase donde tenga que encender la cámara, una entrevista, whatever, quizá no hace falta que me ponga camisa. Ponte un chándal, una sudadera, algo decente que no sea el pijama. Pero vaya, cambiar de camisa todos los días si no va a verte alguien híper importante igual es fliparse. Igual.
  4. Ten un buen lugar para trabajar. Al principio de mudarme a este piso, por puras cosas logísticas de falta de espacio en mi habitación, coloqué mi escritorio con un chorro de aparatos electrónicos en el salón. Craso error, porque la concentración era de -50, así, más o menos. Te entretenía cualquier persona que pasara por el salón (tampoco vas a decir a nadie que no vaya, ¿no?), cualquier llamada al timbre, cualquier… cosa, que implique no trabajar. Tiempo después pude moverlo a la habitación y es allí donde está, mucho más recogido, es menos molesto para todo (y todos) y permite que me concentre mucho más. Antes las ganas de sentarme allí eran ínfimas y los motivos para levantarme millones, porque cuando no era un repartidor era una visita y, cuando no, darme un paseo a la cocina a poner una lavadora, quitar el lavavajillas o hacerme un café.
    Y a esto va ligado íntimamente el punto número 5.
  5. Ten una buena conexión y un buen equipamiento. Es un coñazo oír a alguien entrecortado, con un micro que suene mal, con un ventilador de portátil que se oiga mucho más que su voz o todo lo anterior junto. Invierte un poco en lo que te haga falta. No te compres un micrófono de 200 euros para hablar por Zoom, pero que menos que tener una webcam y auriculares con micrófono usb decentes si el micrófono de tu portátil es chunguerrio. Igual que esto, si tienes mala conexión revisa lo que tengas contratado con tu operador, cambia, tira cable de red o compra un sistema mesh si tienes el router lejos, pero que no sea un suplicio tener una videollamada contigo. Cansa, mucho, y esto es extensible a reuniones, clases particulares y ya no os cuento a recibir clases de la universidad a través de Teams. ¿Qué clase de hilo sigues de alguien a quien se le congelan audio e imagen cada 2 minutos?
  6. Despéjate. levántate cada x, cuando puedas, y además de hacer estiramientos por la salud de tu espalda (doy fe :(), descansa para tomarte un café, desayunar y, obviamente, aunque parezca una obviedad, comer. Si puedes, deja la comida más o menos planificada (mucho mejor si la cocinas directamente) durante el fin de semana, para que durante la semana no tengas que dedicarle mucha atención a esto. Y por experiencia, de nuevo, si te tienes que hacer la comida en un día en el que no tienes tiempo, acabarás comiendo cualquier cosa porque tienes cosas más importantes o más urgentes que hacer.
    Si puedes permitírtelo, igual una opción aceptable para comer y no preocuparte por ello puede ser Wetaca. También vale el local de comidas para llevar de tu barrio.
  7. Tu horario de trabajo es tu horario de trabajo. Habrá días que haya cosas urgentes que te hagan echar más horas, habrá urgencias, habrá miles de cosas. Pero tu horario es tu horario y las 10 y media de la noche no son horas ni para recibir llamadas ni para que te envíen whatsapps del trabajo. Si te los envían, tampoco para que los respondas. Es muy fácil, sino, estar continuamente trabajando.
  8. Conoce (y explota tu/s herramienta/s de trabajo). Si usas Teams, apréndete todas las posibilidades que permite Teams. Aprende a programar reuniones, sobre las wikis, publicaciones, diferencia entre canales y equipos y, en definitiva, conócelo bien. Igual si trabajas con Office, por ejemplo, conoce todas las herramientas que permite tanto para trabajar como para colaborar en la edición de documentos. Te permitirá avanzar más rápido en el trabajo con otras personas. Esto aplica a cualquier otra herramienta exclusiva con la que trabajemos.

Y estas son, de momento, algunas cosas que aprendí teletrabajando y que ahora aplico estudiando a distancia e impartiendo clases particulares a distancia. Fueron relativamente pocos meses trabajando a distancia, pero sin duda alguna volvería a hacerlo. La gran cantidad de posibilidades que ofrece el teletrabajo permite que sea una opción maravillosa para que la gente que podamos trabajar en oficina podamos hacerlo desde casa en condiciones que permiten conciliar de mucha mejor manera. ¿Alguna sugerencia más?

Ah, ¡por cierto! Estoy en busca de trabajo. Y, como ves, he teletrabajado, sé lo que es y me gusta. Por si estás en disposición de ofrecerme alguno 😉


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2 comentarios en «Hice mis prácticas de grado en modalidad de teletrabajo y aquí están algunas de las cosas que aprendí»

  1. Actualmente, como estudiante de bachillerato en el colegio, me he acostumbrado a lo de siempre webcam encendida y a utilizar bien Zoom, por ejemplo. Y cuando en la plataforma nacional que utiliza mi institución veía alguna cosa nueva, sacaba tiempo para explorar, y así no he tenido mayores problemas.
    En mi caso, también los profesores me han ayudado, destaco por ejemplo que mi profesor de inglés se dio el trabajo de transcribirme cosas que haya que transcribir, teniendo en cuenta que si me pasaba el programa este del libro había que usar OCR y demás. Incluso aunque resolviéramos actividades en clase con pantalla compartida, cuando él supo que no podía leer lo compartido fácilmente me envió siempre la transcripción por el chat.
    Lo que sí, es triste la situación de las conexiones a internet en Portoviejo Manabí Ecuador. En mi familia tuvimos suerte de que pasara por aquí un mejor proveedor en febrero del año pasado, el wifi de la operadora Claro, que nos da buen servicio. Y los otros proveedores que elige la gente normalmente suelen tener más problemas que los que tenemos nosotros, así que es feo escuchar a un compañero entrecortarse, decirle a los profesores si se me va el internet por favor me dejan entrar, y tú y alguien más andar tranquilamente sin interrupciones, o con más bien pocas pero se resuelven rápido, y ahí me dan ganas de ayudar. Algunos profesores incluso han metido eso de dos redes de dos proveedores distintos, al menos al principio de año lectivo (no sé ahora) o se conectaban por ethernet (y justo esta laptop comprada en mayo es una notebook que no tiene ethernet, o sea que puro wifi).

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    • Sí, al final hace falta, aún más, la bondad de la gente y sus buenas intenciones. Es inevitable.
      Claro que el contexto en cuanto a conexiones es diferente, pero en el contexto español es verdad que la mayoría de casas tienen buena cobertura, muy buena me atrevería a decir, y por tanto es un poco injustificado que un señor que vive en Madrid esté entrecortado en una videollamada. Contextos y situaciones hay miles, pero, en general, aquí gozamos de buenas conexiones. es una generalización burda, pero vaya, que se me entiende.
      ¡Gracias por comentar y abrazos transoceánicos!

      Responder

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