De fútbol, startups mentirosas y jefas derrochadoras y sándwiches mixtos

Tocan esta vez una entrevista a Ramón Calderón, un personaje que fue historia viva del fútbol, aunque sea un deporte del que no tengo idea. Reaparece 10 años después en una entrevista muy profunda en El Confidencial. Además, un artículo de Analía Plaza sobre un startup que pasó de estar valorada en 9000000000$ ofreciendo una teórica (luego se demostró que también falsa) revolución en los análisis de sangre a despedir a todo el personal y cerrar mientras su impulsora estaba de fiesta con la fortuna cosechada. antes de echar el cierre. Y, por último, un artículo en el suplemento Papel de El Mundo que paradójicamente coincide con que acabo de terminar la lectura de El Director, de David Jiménez, ídem de este medio durante un breve periodo.

El ‘dossier Calderón’: así se destruye a un presidente del Real Madrid

Siendo presidente del Madrid, me llamó un día Julio Ariza (Intereconomía) para preguntarme qué me parecía que contratara a [Josep] Pedrerol. Le dije que me daba absolutamente igual. “No, es que me ha dicho Florentino que le contrate”. Pues no sé, chico, contrátalo. “¿Pero a ti no te importa?” A mí ni me importa ni me deja de importar. Que yo no estoy aquí para esto… Querían mi conformidad para contratar a un periodista no fuera ser que el Real Madrid no estuviera de acuerdo. “Es que me ha dicho Florentino, que es muy amigo suyo, que es muy buen periodista”. ¿Y qué pasa? Pues que Pedrerol, como es lógico, tiene que estar muy agradecido a Florentino. A mí todo esto me sorprendió de entrada, pero pronto me di cuenta de que me estaba metiendo en un jardín del que me iba a resultar difícil salir. Este mundo es una piscina de tiburones: si se mete otro tiburón, le hacen sitio; pero si se mete un pececillo como yo, le devoran. Yo salí de allí vivo de milagro. La entrevista en El Confidencial

Theranos: cómo una joven emprendedora engañó a decenas de ricos con su “iPhone de la sangre”

Elizabeth Holmes idolatra a Steve Jobs. Cuando su empresa aún no llenaba portadas de prensa, en el armario de esta joven emprendedora ya había 150 jerséis negros de cuello vuelto que le permitían no pensar demasiado en qué ponerse cada día y centrar todos sus esfuerzos en trabajar. Para mantenerse despierta comía granos de café recubiertos de chocolate; para parecer más seria y adulta en un mundillo dominado por hombres, agravaba su voz.

Holmes tenía solo 19 años cuando fundó Theranos y 20 cuando abandonó la Universidad, porque empezó ingeniería química en Stanford, pero nunca la terminó. Con 34, tras catorce años liderando una compañía que llegó a tener 800 empleados y a recaudar 1.400 millones de dólares de inversión, viajó hasta la madre de todas las fiestas: el festival Burning Man, en el desierto de Nevada. Era la última semana de agosto de 2018 y allí estaba Holmes de juerga, mientras a 600 kilómetros, en California, Theranos terminaba de desmantelarse, despedía a los pocos trabajadores que quedaban y echaba el cierre.

Una publicación que coincide con la traducción del libro sobre esta startup que más la define con un genial titular. ¿Por qué genial? Porque no podría estar mejor hilado. Si quieres saber el motivo, tendrás que leer el reportaje en eldiario.es

La sociedad del sándwich mixto: por qué los mediocres dominan el mundo

Paradójico que se reflexione sobre “la sociedad del sándwich mixto” en El Director, de David Jiménez, que junto a su equipo ideó la aparición del suplemento Papel y que años después dicho suplemento publique este genial artículo sobre como los mediocres alcanzan puestos de poder en la sociedad. ¿Prepotencia o realidad?

Piense en un helado de vainilla. No, mejor aún, piense en un sándwich mixto. Aquí tiene una foto para inspirarse. Visualice el mejor sándwich mixto posible, con su jamón caliente, su queso fundido, su pan tostado… ¿Es la mejor comida del mundo? Desde luego que no. ¿Es la peor? Seguro que tampoco. A nadie le disgusta un sándwich mixto, pero difícilmente alguien lo elegiría para el menú de su boda o como última cena en el corredor de la muerte. No es un plato brillante, pero para salir del paso nunca está mal; cumple su función. «Perdone, la cocina ya ha cerrado, pero si quiere le podemos hacer un sándwich mixto». Sigue leyendo en Papel, de El mundo

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