Muere Rubalcaba, un hombre de Estado

Hace pocos días nos sorprendía a algunos después de la siesta la noticia de que Rubalcaba estaba ingresado en un hospital tras haber sufrido un ictus y en un estado bastante grabe. Nos sorprendió más aún recibir la noticia de que el viernes, sobre las 3 de la tarde, Alfredo Pérez Rubalcaba, exministro de Zapatero y González y exsecretario general del PSOE moría a los 67 años.

Pude coincidir con Rubalcaba a finales de 2017 en una conferencia que dio invitado por una cátedra en la Universidad Rey Juan Carlos. Y de hecho recuerdo ahora como ordenando las grabaciones y filtrando las útiles de las que no lo eran de mi inseparable Olimpus DM5 di con aquella hace un par de semanas.

Ha fallecido un histórico de nuestro país, de la democracia y del PSOE. Un hombre de Estado, como no han tardado en calificarlo todos, tanto compañeros como rivales; signifique eso lo que signifique y se lo digan por lo que se lo digan. Reconocido por los acuerdos de paz con ETA y su labor como ministro de educación o secretario de Estado de comunicación, supo encontrar en el debate y la argumentación, en el respeto, en definitiva, y no en el insulto y el enfrentamiento su particular manera de hacer política.

Se harán perfiles muy certeros; obituarios mucho más largos e interesantes. Por desgracia, Rubalcaba formaba parte de una política diferente. De una forma antigua de entenderla de la que nos quedan episodios como el “a la mierda” de Labordeta a toda la bancada de la derecha.

Eso sí. Ha tenido que llegar su muerte como para ver a un lado y a otro los respetos de líderes contemporáneos o ya retirados, desde la izquierda más clásica hasta la férrea oposición donde mantenía amigos. Me quedo con la despedida de Rajoy, que le publicaron en varios periódicos como ABC o El País. En ella, supo reconocer a un buen contrincante y su altura.

Desde luego, más allá de la labor política que desarrolló, ya solo por su vuelta a la universidad pública de la que salió, a sus clases de química, le hacen honorable. Esa renuncia a varios ceros en su cuenta corriente le honran como alguie que llegó a la política, la exploró y posteriormente se fue.n

Esto nos demuestra lo que podría ser la política. Que tras sus fachadas hay humanidad. En definitiva, que podemos y debemos creer en la política. Que para mucha gente representa mucho más que los insultos de Casado los tuits de Rufián. Que puede existir, desde la divergencia de opiniones, el respeto al contrincante. Que no adversario. Que no contrario. Una oposición sana.

Descanse en paz.

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