Contra la izquierda, todo vale. Y sino, nos lo inventamos

Durante las últimas semanas hemos leído estupefactos como iban saliendo datos y más datos sobre un caso de espionaje político sin precedentes al menos y que se sepan, en nuestro país; salvo que grabaciones de Villarejo indiquen lo contrario. Dicho de otra manera, hemos tenido nuestro propio Watergate. Pero parece que lo hayamos asumido, que aquí la gente ni se despeina.

En 2014, un grupo de intelectuales de izquierdas arropados y empoderados por el movimiento ciudadano alrededor del 15M en calles y plazas, crearon un nuevo movimiento social que tornaría en partido político con representación parlamentaria a la primera. Primero en las elecciones europeas, en las que consiguió escaños, y posteriormente en las generales, autonómicas y de nuevo generales de 2015 y 2016 respectivamente, donde se consolidó como una nueva fuerza política que daba voz a un “abajo” representado por las mayorías trabajadoras confrontado a un arriba, una casta, representante de las eléctricas, la banca, las grandes empresas, los políticos y los ricos. Una izquierda urbanita que evitaba definirse como tal liderada por Pablo Iglesias que aunó otros movimientos como la clásica Izquierda Unida y que no pasó desapercibida para la oposición, que no tardó nada en hablar de Podemos como movimiento populista e incluso la calificó cómo una “amenaza para nuestra democracia”. Y no lo digo yo, lo dijeron Ignacio Cosidó, director general de la policía de aquellas y actual portavoz en el Senado del Grupo Popular o Aznar. Para ampliar: Cosidó: “Podemos supone una amenaza a nuestra democracia”. El periódico, 2 de mayo de 2016.

Y así, con este precedente, se pusieron manos a la obra entre Partido Popular en aquel momento en el gobierno y posteriormente en gobierno en funciones, así como varias partes de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, el Ministerio de Interior de Fernández Díaz como institución que utilizar a placer y Villarejo, su chico para todo, para fabricar pruebas e informes falsos y supuestamente confidenciales que regalar a un vocero (aka Inda) para que los publicara en su digital (aka Okdiario).

Y así, entre supuesta financiación falsa iraní o venezolana que nunca se pudo probar en tribunales, Podemos crecía y se deshinchaba según los linchamientos que le provocaba la opinión publicada y se sembraban dudas a su alrededor prácticamente desde el principio generadas por las cloacas del Estado, un ministerio y unos recursos pagados por todos, que el partido en el gobierno utilizó a su favor como forma de minar a la oposición. Unas sospechas que se tenían, una maquinaria del Estado para generar pruebas falsas con información robada que ahora se está probando en tribunales. Y resulta que sí, que el informe Pablo iglesias SA que publicaron algunos medios y citaron otros no podía ser oficial a falta de sello policial. Pero resulta que para algunos no parecía necesaria la oficialidad, sino que algo que podía resultar creíble de la oposición ya era una fuente fiable. ¿Qué ocasionó esto? Como se ha descubierto, torpedear un acuerdo de gobierno entre Podemos y el PSOE para 2016, que hubiera evitado las generales del 26J y que posteriormente terminaría con Pedro Sánchez hasta su resurrección política. Para ampliar: Todo lo que ya sabemos sobre la cloaca policial, por Ignacio Escolar, eldiario.es

Móviles robados, informes falsos y sin sellos y muchos millones públicos mediante, resulta casi probado un programa de destrucción masiva de la oposición a toda costa. No me meteré a juzgar nada que no me toca, ni a asumir una posición victimista que probablemente tengan algunos miembros de Podemos. Ni siquiera a valorar los porqués ni a seguir dando vueltas a la información. Estoy seguro de que hay otros medios y otras personas mucho más capacitadas para analizar este fenómeno. Pero lo que sí juzgo es que no haya habido una mísera corriente de aire más que para levantar las moquetas que mantenían oculto todo esto. O, dicho de otra forma. Es increíble como, años y pruebas en juzgados por medio, no haya habido dimisiones, detenciones y ni siquiera disculpas. Metámonos en el asunto hasta el fondo. ¿Qué ha sido esta parte de los encargos a las cloacas del Estado de Villarejo y Fernández Díaz? Ni más ni menos que un espionaje político. El robo de un teléfono, la preparación usando a la policía y funcionarios de informes falsos y el uso de millones de nuestros fondos públicos. ¿Para qué? ¿Deteriorar a la oposición, deteriorar a la izquierda, deteriorar la democracia misma? ¿Y qué ha pasado? Nada. Nada de nada. Nadie cae, nadie se disculpa. Nada cambia, en definitiva.

Parece increíble como mientras la situación de algunas familias era penosa, otros utilizaban dinero público de fondos reservados por sus intereses partidistas. Recursos económicos y humanos públicos vendidos al mejor postor para ganar unas elecciones. ¿No es triste? ¿No es vergonzoso? ¿Y esta gente luego nos tiene que decir qué es ser patriota y qué es ser buen español? ¿Pero clases y lecciones a nosotros de qué? Lo siento. Su españolidad no nos representa. Esto sí es una amenaza a nuestra democracia y parece que nadie lo reconoce, nadie lo entiende y que todo lo que sea ir contra la izquierda está bien. En definitiva. Contra la izquierda y sobre todo Podemos, todo parece valer. Y sino, nos lo inventamos. Total, todo funciona en la época de ganar elecciones por tuits y retuits, y no por solucionar nuestros problemas. ¿Para esto ha quedado la política?

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