La manada

Desde 1981, Latinoamérica conmemora cada 25 de noviembre el día contra la violencia de género. Los movimientos feministas de la región, con una de las tasas más altas de violencia contra la mujer, acuñaron esa fecha en honor a las dominicanas Minerva, Patria y María Teresa Mirabal, tres hermanas asesinadas el 25 de noviembre de 1960 por orden del dictador Rafael Leónidas Trujillo, del que eran opositoras. Años más tarde, en 1999, la ONU se sumó a la jornada reivindicativa y declaró cada 25 de noviembre Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, en honor a las hermanas Mirabal.

Fuente: https://elpais.com/internacional/2016/11/25/actualidad/1480069515_670615.html

Hoy es 25 de noviembre. El día internacional contra la violencia de género. Ese día en el que tanto gente con conciencia de género como gente que ni la tiene ni hay previsión de que la conozca lamenta los asesinatos machistas, los feminicidios y las cifras deshumanizadas que día tras día desgraciadamente vemos en medios y redes sociales. Para muestra, estas cifras

Pero esto no es suficiente: el activismo a favor de las mujeres y la reivindicación de la igualdad en derechos esenciales, que se enteren ustedes, se llama feminismo, no debe ser solo el día contra la violencia de género y el día de la mujer, sino todos y cada uno de los días. Todos los días debemos ver qué privilegios masculinos existen, debemos ver como se aplican estos en nuestra vida cotidiana, donde se reflejan, como se reflejan, por qué, y como debemos evitarlos para conseguir poco a poco una sociedad igualitaria. No tengan, no tengais, miedo al feminismo. El feminismo no es malo, no es radical, no resulta dañino para nadie con sentido común y que respete mínimamente los derechos humanos. El feminismo es simplemente la lucha para que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres. Esos derechos que la sociedad y la historia, escrita por hombres, nos ha entregado sin preguntarles a ellas, sin contar con su opinión.

Precisamente el otro día me llegó un WhatsApp en solidaridad con la chica de 18 años a la que supuestamente violaron 5 hombres (uno de ellos ya reconoció que no hubo consentimiento de palabra). Este WhatsApp hablaba de una reflexión que hizo Almudena Grandes en la Cadena SER sobre el caso. Debemos empezar por reiterar que la violación es delito. Siempre. Que no es no, que ella siempre tiene derecho a decir como, cuando, donde y si quiere o no quiere. Siempre. Un no siempre es un no y una violación siempre es un delito donde la violada debe ser protegida y no doblemente víctima. Precisamente de esta premisa parte Grandes, de reiterar que violar siempre es un crimen. Se la ha estado culpabilizando porque se ha aceptado como prueba un informe de un detective privado que permite sembrar dudas de que ella sea víctima porque hizo vida normal, quedó con sus amigas y mantuvo su ritmo habitual en redes sociales tras ser violada. ¿Acaso debía agachar la cabeza y permanecer deprimida en su casa? ¿Acaso ser víctima es un papel, una realidad inventada?

La violación es un delito. Violar a una prostituta, a una mujer promiscua, a una noctámbula, a una alcohólica, a una drogadicta, a una mendiga, no es ni más ni menos grave que violar a una virgen adolescente de misa diaria o a la propia esposa dentro del matrimonio, porque todas las violaciones son uno y el mismo delito. La condición moral de la víctima, sus costumbres, su conducta, son factores tan irrelevantes aquí como en cualquier otro crimen. Se podría pensar que admitir como prueba el informe de un detective sobre la vida cotidiana de la víctima de una violación sería parecido a aceptar, en un caso de asesinato, un testimonio que probara que el muerto era un malvado que merecía morir, para que la defensa solicite que se considere como atenuante. Podría parecer lo mismo, pero no lo es. Porque lo que pretende culpabilizar a la víctima de La Manada, sembrar dudas sobre su condición moral, es que se atreviera a salir a la calle, a tomar copas con sus amigas, después de haber sido violada, en lugar de quedarse en su casa con todas las persianas bajadas y la cabeza cubierta de ceniza. Eso es lo que el tribunal ha valorado, y al hacerlo, no sólo ha asumido que la calle, la noche, la diversión, son un territorio masculino. También está transmitiendo a la sociedad que, para ser creída, respetada, una mujer violada debe seguir sufriendo después de haber sufrido, renunciar de por vida al placer y a la alegría para que se tome en consideración su sufrimiento. Así, una presunta decisión técnica se convierte en un acto de violencia sobre las mujeres. Uno más.

Reflexión de Almudena Grandes en la SER Descarga la reflexión.

hablamos de un cuestionamiento de la víctima, por el hecho de serlo que ya la va a cuestionar como siempre ocurre en casos similares igual de mediáticos, y en segundo lugar por haberse atrevido a hacer vida normal después de la violación, y no a esconderse, a lamentarse, deprimirse y actuar como se espera que actúe, como una víctima. Añado yo un tercer juicio: el trasfondo machista (si ya no lo tenía de por sí) que encontramos es increíble. Se nos deja entrever que el informe podría llegar a ser todo, o sea, que la víctima necesita la autorización, la autoría de un hombre en un informe que diga que oficialmente ha sido o no ha sido víctima.

A esa chica le han jodido la vida. La han violado y las secuelas que va a sufrir tanto ella como su alrededor, pero sobre todo ella, van a ser eternas. ¿Todavía se atreven a cuestionarla?

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